Nanita, hoy se cumplen tres meses de no tenerte con nosotros. Hoy doy y daré gracias a Dios por haberme brindado el privilegio, la fortuna de haberte tenido por abuelita, y por haberme permitido compartir contigo tantas experiencias, tantos momentos llenos de un valor incalculable. Por haber vivido a tu lado desde que nací es una de las mayores bendiciones que he recibido.
Al lado de Dios en este momento está una gran mujer, una verdadera sierva suya, un ser que hizo muy bien su misión aquí en la tierra y que luchó fuertemente para sacar adelante su propósito, sus hijas y sus nietos que Dios le reparó.
No te olvidaremos, Nanita. Estarás siempre en el corazón de cada uno de nosotros, siempre recordaremos a esa madre y abuelita de la que tanto aprendimos. Extrañaremos tu sonrisa y tu picardía, lo mismo que tu nobleza y sabiduría. Extrañaremos a ese pilar fuerte y trabajador que luchó cada instante de su existencia por ser mejor en cada aspecto de su vida.

Le quiero dar las gracias a todas las personas, familiares, amigos y vecinos que han estado con nosotras en estos meses tan difíciles. Gracias por el tiempo y el afecto. Estoy satisfecha de saber que Nanita no nos dejó solas y que, además, siempre nos estará cuidando y amando desde el cielo.
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